martes, 3 de junio de 2008

Ciencia y academia.





De la educación universitaria y la investigación. Un comentario personal.



Por Victor Aguilera


La academia no es cuestión de talento, sino de disciplina e imaginación. Es imprescindible, pensar con claridad y ser creativos. Es resultado del orden y la audacia de imaginar.



Pensar no es una facultad restringida, sin embargo, a menudo sus carencias se le confunden con falta de interés –sin objetar que la apatía intelectual es producto no de la ausencia de cualidades para razonar, sino de no saber pensar, lo que impide identificar y precisar intereses–.Esto lleva a más de uno a desistir de estudiar bajo el argumento de que “lo de pensar no es lo mío, me va más la acción”.


En este sentido es difícil esperar el desarrollo de nuevos cuadros de investigación –y el fortalecimiento de los existentes– en las universidades cuando no se pone cuidado en el proceso de selección de sus aspirantes y encima no se toma la precaución de dotar de los cimientos metodológicos necesarios para tal efecto.



Así, estudiar e investigar resulta poco menos que imposible sino sabemos cómo, no es coherente.Si dejamos entrar a cualquiera sin explicar como hay que estudiar, el resultado lógico es la ineficiencia y la idiotez –no como sinónimo de ineptitud sino atendiendo a su significado original, como el pensamiento de lo propio–.


Lo más grave de esto no es la ineficiencia de muchos sino la contaminación potencial a la que se exponen quienes realmente quieren estudiar o lo hacen.


Hoy con la existencia de un sin de recursos tecnológicos accesibles resulta muy claro la importancia del orden en el mundo de la educación y la investigación. Si bien la educación se ve fortalecida por la existencia de finanzas pujantes, no precisa estrictamente de cuantiosos recursos económicos tanto como de la voluntad de las instituciones que en ella convergen.


Difícilmente puede hacerse frente a muchos de los problemas existentes cuando se experimenta una profunda falta de visión y planeación al interior de las instituciones que se suponen sus garantes.


Si deseamos que la educación de calidad sea una realización plausible es vital tener orden en lo que hacemos, anteponiendo el fin de las instituciones educativas por encima de intereses personales cortoplasistas, sino solo seguiremos dilapidando los escasos recursos del rubro malogrando nuestros potenciales recursos intelectuales.


La fuga de la inteligencia no es solo migratoria, se da en el día a día frente a nosotros, en el aula con la falta de compromiso del alumno y la complaciente holgazanería del docente, en los cubículos con el autismo de los investigadores y en las oficinas con la soberbia de las autoridades en perjuicio del país.


PD. ¿Aun crees que pensar no es lo tuyo?

1 comentario:

Rosa María dijo...

Es evidente que has experimentado el placer de investigar, aprender, dudar, pensar. Las universidades son excelentes lugares para que ese placer se vaya quedando apoltronado y finalmente se esfume. La imaginación parece no estar bien vista en la academia, por lo tanto, la creatividad es un insulto a la rigurosidad científica. Nunca desistas. Sigue tus pistas en soledad si has tenido la suerte de experimentar la aventura del trabajo intelectual. Creo que eres un joven genio. No permitas que la genialidad de tu juventud te abandonen aun cuando tengas 60 años o más. rosa_mariavf@hotmail.com